Se murió Michael Jackson, un precursor. No sé si en la música, pero sí en el uso de barbijos. Hace veinte años ya lo mirábamos extrañados, cuando enfrentaba a la multitud de fanáticos con nariz y boca tapadas. Quizá los japoneses lo hicieron antes, pero las estrellas del pop japonés no son muy populares entre nosotros. Para la inmensa mayoría de los argentinos (salvo que hayan pasado por Terapia Intensiva o por un quirófano) el primer barbijo que vieron en sus vidas fue el de Michael Jackson.
La costumbre de poner letra a las canciones imitando el habla cotidiana es una moda nueva. Durante siglos hubo un lenguaje supuestamente poético pleno de frases complicadas y palabras difíciles que se diferenciaba por completo del habla de todos los días. Hasta el día de hoy subsiste este rasgo en los payadores; en el próximo festival de doma présteles atención. Notará que su vocabulario está lejos del estereotipo que nos muestra el Martín Fierro, y más cerca de la altisonancia de José María Muñoz. ¿Quiere un ejemplo más contundente de divorcio entre la letra y el lenguaje coloquial? Bueno, ahí tiene las canciones patrias.
Si bien cada país hispanoparlante tiene su forma particular de hablar, los argentinos pareciera que no seguimos caminos alternativos: vamos a contramano. El vos, extinto hace siglos, persiste en estas comarcas y goza de buena salud. Sólo por acá nos negamos a comer mantequilla, y mientras todos (aún los que no hablan nuestro idioma) viajan en metro, nosotros lo hacemos en subte. Hasta el nombre del idioma es distinto: si usted le pregunta a un argentino en qué idioma habla, jamás dirá español. Acá se habla castellano. Con el nombre de las enfermedades no podíamos ser menos. Las multitudes de América y Europa se espantan de la influenza porcina. Excepto en la Argentina, donde la palabra influenza no significa nada y sí le tenemos miedo a la gripe.
* ES EXTRAÑO COMO CAMBIA TODO
Publicado 14/04/2009 - 1 CommentTags: canción de protesta, extraño, nostalgias, roque narvaja
El término extraño es extraño. Se usa para describir un sentimiento: extraño a mi abuela. O para manifestar sorpresa: qué extraño que llueva en esta época. También para calificar a alguien que no encaja con los cánones: “El Extraño del Pelo Largo” es una famosa canción que hace referencia a esos seres extraños. Porque en la década del 60 no se veía con buenos ojos que un varón usara el pelo largo. Era casi un delito. Mucha gente aprobaba la costumbre de la Policía Federal de detenerlos para cortarles el pelo en la comisaría. Hoy parece ridículo, pero esto sucedió. Vamos, no me venga con que no se acuerda. Ahi está la canción de Pedro y Pablo que dice: “aunque guadañen mi pelo a la fuerza en un coiffeur de seccional“.
Un idioma se aprende en la primera infancia, como todas las cosas. Más acá de esa edad se puede estudiar mucho, pero ya no se aprende. Ningún alemán que haya estudiado castellano veinte años sabe con exactitud cuándo decir putamadre; lo más probable es que lo diga inoportuna y ridículamente. Algo similar nos debe suceder a nosotros, quienes por haber visto dos películas de raperos utilizamos fuck de una forma que seguramente sería objeto de burla en Harlem. Pero uno puede vivir sin putear. Lo que no puede es vivir sin comer. Y es en ese terreno donde los idiomas presentan la mayor dificultad: describir las comidas. Continuar leyendo ‘* EN PAN, NADA’