Como la mayoría de los nacidos bajo el signo de Piscis, no creo en el horóscopo. Ya de chico, cuando era tan pavo como ahora pero encima inexperto, desconfiaba de la idea de que existieran sólo doce clases de personas. Y como buen representante del género humano que soy, primero decidí no creer; luego busqué argumentos racionales sobre los cuales pararme.
Tuve una época en la que la pregunta “¿de qué signo sos?” me exasperaba. Me ponía denso como testigo de jehová y empezaba una perorata sobre los orígenes de la astrología, la falsedad de sus preceptos, la vaguedad de sus predicciones y un etcétera bastante largo. Perorata que sólo interrumpía cuando veía a mi interlocutor/a disimulando un bostezo.
Vista la inutilidad de mi actitud evangelizadora en contra de la astrología, pasé a una etapa de indiferencia. Los signos del zodíaco engrosaron la lista de temas carentes de todo interés, junto a la moda, las religiones, los autos y otro largo etcétera. Tampoco me fue bien, porque cuando saltaba el tema el que empezaba a aburrirse era yo.
Desde hace un tiempo empecé a tomarme el tema en solfa. Cuando me preguntan mi signo miento como un cochino y escucho las conclusiones que mi interlocutor/a saca basándose en mi fecha de nacimiento. Puede llegar a ser divertido, y no carente de suspenso. Porque si la otra persona se engancha, hay que decidir sobre la marcha si diré la verdad, y en qué momento. O si es preferible callar. También, si está presente otra persona que conoce mi signo, siento una módica angustia pensando si pondrá o no en evidencia mi modesta mentira.
Sólo me queda una duda al respecto: no he decidido aún si este cambio de actitud es una evolución o una involución.
Ah, casi me olvido: la palabra horóscopo también viene del griego. Ora, tiempo. Skopos, mirar. Si la traducimos literalmente significa mirar la hora. Y coincidirá conmigo que mirar la hora durante largo tiempo es una de las cosas más aburridas de la vida.
Bueno, que inspirado habrás estádo porque la primera oración es sublime…jaja.