Casi seguro que las vio alguna vez: son esas muñecas que adentro tienen otra muñeca igual, pero más chiquita. Y otra, y otra. Hay palabras que son como muñecas rusas: contienen adentro otra palabra igual, pero más chiquita. Es decir: de igual grafía y de significado más restringido.
El ejemplo más cotidiano es día: la palabra grande define al periodo de aproximadamente 24 horas que tarda la Tierra en girar sobre su eje. La palabra chiquita es la parte del día iluminada por la luz solar. Esto confunde a los niños que escuchan por primera vez “El día que me quieras”. Porque en dicho tango la acción transcurre mientras las estrellas celosas miran pasar a los protagonistas. O sea: de noche.
La palabra Tierra es una muñeca rusa muy compleja. Escrita con mayúscula es el nombre de nuestro planeta. Rebajada a minúscula define a los continentes e islas, para diferenciarlos del agua. Dentro de esa tierra existen muchas tierras: la tierra donde nací, la tierra de sus abuelos, la tierra del sol y del buen vino. Y dentro de cada una de esas tierras, tierra es la parte del suelo que no se puede describir ni como arena ni como arcilla ni como piedra, y que sirve para que crezcan las plantas, o bien se acumula en fina capa polvorienta sobre las superficies horizontales de casa.
Al período del día que empleamos para dormir lo llamamos sueño. Y dentro de las horas de sueño es cuando uno tiene un sueño, o varios. Eso, siempre y cuando sea agradable, o al menos inofensivo. Cuando el sueño nos produce angustia lo sacamos de la muñeca rusa y lo descalificamos con el nombre de pesadilla. Es curioso lo fácilmente intercambiables que son estos términos. Lo que para unos es un sueño, para otros es pesadilla. Es más: para una misma persona el sueño de ayer es la pesadilla de mañana. En ambos casos es aplicable la locución latina viceversa.
Mañana es una muñeca rusa que desafía al tiempo. Mañana es el día siguiente a hoy, o estirándolo, el futuro en general. También es la primera parte de un día que aún no llegó o que pasó hace tiempo. Tiempo es otra muñeca rusa. La muñeca exterior es la eternidad, la muñecas interiores se pueden fraccionar hasta el infinito: llamamos el tiempo del imperio romano a dos milenios de historia, decimos era el tiempo de la dictadura y nos referimos a siete años, nos venden un tiempo compartido y son dos semanas por año, queremos pasar más tiempo con nuestros hijos y nos referimos a un fin de semana.
Novia y novio son también muñecas rusas, aunque la muñeca interior es de existencia efímera. La palabra exterior abarca a las personas que tienen o han tenido una relación sentimental acorde a ciertas reglas. En este caso general casi siempre se menciona con alguna clase de posesivo: mi novia, el novio de mi vieja. Pero curiosamente cuando esas personas deciden casarse en ceremonia religiosa, por unas horas se transforman en la novia, el novio. Como si no hubiera otros. Esta exclusividad dura desde el despertar de la fecha fijada hasta que un funcionario religioso los declara casados. Algunos, durante la celebración que sigue a la ceremonia, brindarán por los novios, pero esos ya son estertores. Cuando los empleados del catering empiezan a levantar los restos de la fiesta, ya no hay duda. Los esposos han dejado de ser novios. Ya no volverán a serlo, al menos, no el uno del otro.
Hay un caso en el que la muñeca interior eclipsa a la muñeca exterior. Le decimos inmigrante a una persona que inmigra, tolerante a alguien que tolera, y amante debería aplicarse a toda persona que ama. Pero amante nos remite inmediatamente a una persona que mantiene relaciones sexuales clandestinas con otra. Si bien la palabra implica amor, suele darse que un/a amante nunca salga de dicha categoría precisamente por eso. Porque no ama. Porque no lo aman. Al menos, no lo suficiente.
Una última muñeca rusa que me viene a la memoria es hombre. Que, como sinónimo de género humano, contiene a cada hombre y a cada mujer. Así podemos llegar al absurdo de decir, por ejemplo: hoy en “La aventura del hombre” presentamos la historia de Alicia Moreau de Justo. También causa cierta gracia que el término hombre contenga a su interior a mujer, cuando durante el embarazo y el sexo es exactamente al revés.
Salvo, tácitamente que uno de los dos “amantes” o alguno de ellos,interprete a esa Muñeca Rusa que eclipsa como
“aquello que ha elegido como Amor para sí”
Este es un tema más que eclipsante yo diría de Solsticio dado que en otras culturas está admitido tener más de una persona como amante.
En lo personal, real y práctico me encantan las formas:
TENER UN AMANTE. SER TU MANTE.SER SU AMANTE.
HACER EL AMOR CON UN AMANTE
se re escribe por modificación de la frase Ser TU Mante a SER TU AMANTE
Salvo, tácitamente que uno de los dos “amantes” o alguno de ellos,interprete a esa Muñeca Rusa que eclipsa como
“aquello que ha elegido como Amor para sí”
Este es un tema más que eclipsante yo diría de Solsticio dado que en otras culturas está admitido tener más de una persona como amante.
En lo personal, real y práctico me encantan las formas:
TENER UN AMANTE. SER TU AMANTE.SER SU AMANTE.
HACER EL AMOR CON UN AMANTE