* PRESENTAGSIONES Y LINKULOS

La presentación es el acto por el cual A es introducida por B al círculo de conocidos de C, siendo que A ya conoce a B, B ya conoce a C, pero A y C nunca se han visto. Para no remedar la aridez del álgebra, nombremos a A como presentado, a B como presentador y a C… pucha, no sé como llamarlo. Digamos presentando, a semejanza de los pibes de primaria que en los discursos escolares se transforman en educandos.


Dado que presentando y presentado son roles pasivos, es el presentador quien lleva la peor parte. La frase te presento a (nombre del presentado)” así, a secas, puede generar un silencio incómodo. Parece existir una ley no escrita que exige una breve descripción del vínculo entre presentador y presentado. O sea: hay que ponerle un tag al link. Y no siempre es fácil para el presentador dado que algunos vínculos no se dejan etiquetar así nomás.

Los vínculos familiares son los más fáciles y se resuelven con la mera mención del parentesco: mi tía, mi hijo menor, mi vieja. Las relaciones de pareja (y los vínculos secundarios que ellas generan) también se dejan etiquetar con relativa facilidad, pero se transforman en casi imposibles cuando la relación ya es pasado. ¿Cómo presentar al hermano de la ex esposa de uno? ¿se debe decir “el tío de mis hijos“? ¿mi ex cuñado? Y aún cuando la relación de pareja esté vigente, su tag está sujeto a cambios, como se verá luego.
Un detalle: jamás se presenta a la/el amante como tal. Dado el carácter clandestino de este vínculo, su publicidad lo transforma en otra cosa. Apenas usted termine de decir te presento a mi amante, esta persona se habrá convertido en su novia, en su pareja o -muy probablemente- en su ex amante.

Derivadas del parentesco y de la pareja son las etiquetas dobles. O sea, aquellas que definen primero un vínculo entre el presentado y una tercera persona, para luego mencionar el que existe entre la tercera persona y el presentador: el novio de mi prima, el hijo de mi esposo, la amiga de mi hija.

Un segundo tipo de etiquetas dobles hacen referencia a un vínculo en un ámbito definido. Como rasgo peculiar, suenan cacofónicas si se las comienza con el posesivo “mi”. Mejor encabezarlas con el artículo determinante “un/una”: un compañero de trabajo, una vecina de mi edificio, una estudiante de mi curso. Son etiquetas ambiguas, porque las personas de rasgos paranoides pueden leer entre líneas dos mensajes mutuamente excluyentes: el presentador no está etiquetando sinceramente el vínculo al presentando, o bien el presentador le está marcando distancia al presentado.

La amistad es un comodín al que se apela seguido si el presentado es del mismo sexo que el presentador: el rótulo de amigo le cae tanto a un ex compañero de secundaria como al tipo que juega al paddle de vez en cuando con uno. Distinto es el caso cuando presentador y presentado son de diferente sexo. Dicha amistad genera suspicacias, particularmente si el presentando es la pareja del presentador.

Fuera del círculo de parientes y amigos, ciertas etiquetas se basan en el vínculo entre quien presta un servicio y quien lo contrata, e indefectiblemente comienzan con el posesivo “mi“: mi odontóloga, mi peluquero, mi instructor de tai chi. No se utilizan cuando el rol del presentado lesiona su intimidad o la del presentador. Nunca escuchará decir “mi paciente” (si el presentador es proctólogo) ni “mi proctólogo” (si el presentador es su paciente).

Por último, ahora que el concubinato ha pasado a llamarse convivencia y carece de tinte pecaminoso, presentar a la pareja de uno es toda una decisión. Al inicio de la relación es fácil: “te presento a mi novia“. Y el rótulo de novia durará, inclusive, hasta los primeros tiempos de la convivencia. Si la relación se afianza, los menos audaces cambian el tag a “mi pareja“. Pero para los varones heterosexuales a la vieja usanza, una nueva regla no escrita dice que en cierto momento esa mujer pasa a ser “mi mujer“. Hay que tener cuidado con el cambio de etiqueta. Porque hacerlo tempranamente puede generar en ella el malestar de un compromiso aún no asumido. Hacerlo tardíamente puede ser interpretado por ella como una falta de compromiso de él. Calculo que la situación en espejo -la mujer presentando al tipo- implica no menos dificultad.

Será por eso que algunas parejas, para no tener que enfrentar tan delicado cambio de tag en su link, delegan la tarea en un funcionario del Registro Civil y se casan.

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