Piquete es una palabra de neto corte castrense. La acepción más antigua alude un grupo pequeño de soldados. Si bien es más conocida la expresión pelotón, también es correcto decirle piquete de fusilamiento a los cuatro, cinco o seis uniformados que acribillaban a un tipo siguiendo órdenes superiores. Los movimientos obreros tomaron el término y lo usaron para describir al grupo de obreros que, apostados en la entrada de una fábrica o en sus cercanías, manifestaban para iniciar o mantener una huelga. A veces con métodos de acción directa, para decirlo sutilmente. Hasta aquí se utilizaba el término piquete pero aún nadie hablaba de piqueteros.
Paradojas del destino, aquellos piquetes anarquistas incitaban por las buenas o por las malas a no ir a trabajar. Pero durante el menemato nacieron los piquetes de desocupados que reclamaban trabajo o, al menos, algún medio de subsistencia. Los estudiosos del movimiento obrero coinciden en que el término piqueteros comenzó a utilizarse en 1991 en Cutral Có, Neuquén, donde la retirada de la petrolera estatal YPF dejó un tendal de desocupados crónicos. Impedidos de hacer huelga por la obvia razón de que carecían de empleo, comenzaron a utilizar como método de protesta el corte de ruta.
La novedad que impusieron los piqueteros no fue el corte de ruta. De hecho, en los años 60/70 varias puebladas cortaron caminos imponiendo un peaje a quienes transitaban por ellos, como modo de recolectar fondos para sostener la protesta. Ya casi nadie los recuerda, pero Armando Tejada Gómez describió poéticamente uno de esos cortes en la letra de la canción Fuego en Animaná. La novedad de los piqueteros noventistas fue el corte por el corte mismo, que obligaba al transeunte a esperar o tomar rutas alternativas.
Desde sus orígenes los piqueteros fueron variopintos. Eran maoístas, frepasistas, peronistas y trotskistas, amén de otros difíciles o imposibles de etiquetar. Pero todos compartían un fuerte sesgo antigubernamental. La situación cambió en 2003 cuando algunos piqueteros abrazaron la fe kirchnerista con la furia de los recientes conversos. Este malabar político dio origen a la indigerible etiqueta de piqueteros oficialistas. Que suena tan cacofónico como decir submarinos voladores.
Quizá los chilenos patentaron el cacerolazo para protestar contra Allende. Pero los piqueteros entran en la misma categoría que el colectivo, el bolígrafo y el dulce de leche. Es decir, capaz que no los inventamos los argentinos, pero no aceptamos que nos discutan que así fue. En un momento hasta fueron atracción turística. La mezcla de moneda devaluada y autogestión piquetera atrajo a varios jóvenes del primer mundo que quisieron ser testigos en primera fila de tan novedoso fenómeno.
La otra acepción de piquete también tiene connotaciones bélicas, aunque poquito. Significa herida leve producida por un elemento punzante. Los de mi generación conocimos el término gracias a Martín Karadagián, quien cegaba momentáneamente a sus rivales apelando al piquete de ojo para luego noquearlos con el cortito. Recuerdo que a Martín le decían de todo: ídolo, payaso, envenenador de mentes infantiles, ejemplo a seguir, filántropo, fariseo… pero nadie jamás lo llamó piquetero.
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