* YO, ARGENTINO

La macana de ser seguidor fiel de un autor, actor o director de cine es que por miedo a perderse algo interesante, uno se traga un sapo cada tanto. Quienes hemos disfrutado un par de películas de Almodóvar, por ejemplo, arrugaremos la nariz ante las críticas despiadadas que destrozan su película número nosecuánto. Pero más temprano o más tarde la veremos igual. Aunque todo el mundo diga que es un bodrio. Como quien prueba una comida exótica, vi Hable Con Ella. Y más allá de la película me llamó la atención el marcado carácter argentino del personaje de Grandinetti. Antes el cine español no era así.

Todavía recuerdo la sensación casi desagradable de ver a Héctor Alterio y Luis Politti en El Nido, dialogando en un correcto español, imitando el acento madrileño. No podía creerlo, estaba acostumbrado a verlos en sus papeles de argentinos, sabía que eran argentinos, y ese diálogo castizo me resultó inverosímil. La suspensión de la incredulidad que tan fácil me sale cuando de cine se trata se hizo pedazos durante esos cinco minutos. Mi mente volvió a la realidad y en la oscuridad de una sala de cine en 1980 no pude evitar acordarme que estábamos en dictadura, con todo lo que ello significaba. Por ejemplo, el exilio.

Ese trago amargo me curtió lo suficiente como para que luego oir a Cecilia Roth hablando en gallego ya no me resultara tan chocante. Imaginé entonces un futuro donde buena parte de los actores argentinos terminarían completamente asimilados a España, como pasó con Distéfano, como le ocurrió a Alberto Cortez. Y que los espectadores que quedáramos prisioneros en estas playas nos consolaríamos recordando: mirá, ese es el que hizo de cuñado de Alterio en La Tregua, ésa es la chica rubia de Crecer de Golpe.

Cuando pasó la dictadura creí que llegaba la hora de la revancha. Me moría por oír a Imanol Arias hablando de vos, o a Sacristán imitando a un porteño durante toda una película. No pudo ser. Sin embargo, hubo un pequeño resarcimiento: pude ver películas españolas con actores argentinos haciendo de… argentinos.

Por eso me sorprendió gratamente Grandinetti en Hable con Ella. Su personaje, más allá de algún modismo, habla en argentino. Y cuando le piden que acredite su identidad, pela un pasaporte argentino de los viejos, grandote, tipo libreta carnicera.

Qué se yo, parece una pavada pero para mí es un punto de inflexión. De imitar el acento español a exhibir un pasaporte argentino en cámara hay una distancia sideral. Y ahora me imagino otro futuro: cada vez más películas españolas con cada vez más actores argentinos (y colombianos, y peruanos, y dominicanos y etceteranos) hablando con su respectivo acento.

Parece poca cosa, pero eso nos facilita el trabajo a los que aquí quedamos. Ya no tenemos que aclararle a quienes por su edad no vieron La Patagonia Rebelde o Tiempo de Revancha que ese fulano o esa mengana son de acá.

0 Respuestas a “* YO, ARGENTINO”



  1. No Comments Yet

Escribe un comentario