* LO QUE NATURA NON DA, SALAMANCA LO SINTETIZA

Multitud de personas -muchas de ellas inteligentes- toman partido en una batalla inútil. Ponderan la superioridad de productos de origen (supuestamente) natural: alimentos, cosméticos, productos de higiene y de limpieza, vestimenta. Algunos, por suerte menos, critican furibundamente lo que consideran artificial con un fanatismo que revela su reciente conversión. Se empeñan en creer y -lo que es peor- en convencernos de que natural es sinónimo de bueno, y obviamente artificial, de malo. Y no, discúlpenme pero están meando fuera del tarro.

Ante todo pongámonos de acuerdo en qué corno significa natural. El diccionario dice: perteneciente a la naturaleza o conforme a la calidad y propiedad de las cosas. No artificial. Que se produce sólo por las fuerzas de la naturaleza. Por exclusión, todo producto natural que ha sido modificado por el trabajo humano, y ni hablar de aquellos que fueron 100% inventados por el hombre y que previamente no existían en la naturaleza, entran en la pérfida categoría de artificial.

Así las cosas, entre los productos naturales encontramos la miel de abejas, el orégano y el Aloe vera. Y también el veneno de las serpientes y la Amanita faloides. Que es un hongo silvestre que hace un par de años mandó a una persona al cementerio y a otra al quirófano para transplante hepático. Y es natural. Es natural que un veneno mate a quien lo consume.

Los cereales y las verduras que comemos hoy son producto de cinco mil años de manipulación genética. Manipulación que se hacía antes empíricamente y por cruza. Hoy se hace en el laboratorio. Pero ni el trigo ni el maíz ni la papa ni la zanahoria, ni siquiera el arroz integral, son productos naturales. Ya ni siquiera pueden crecer solos y precisan del cuidado humano para hacerlo. Un arrozal, por más que esté en medio de la India y sea cultivado a mano por campesinos descalzos que jamás en la vida escucharon hablar de agroquímicos, es tan artificial como la suela de mis zapatos.

Así que, mis queridos amigos fundamentalistas de lo natural, allá ustedes si quieren sostener esta falacia natural = bueno. Son dueños de seguir tomando té verde (planta seleccionada artificialmente por cientos de generaciones de chinos) endulzado con azúcar negra (que se obtiene en los mismos ingenios azucareros que su hermanita el azúcar blanca, siguiendo los mismos pasos industriales menos el último). Son dueños de seguir consultando a su homeópata favorito. También son dueños de exigir la presencia de un alópata a los gritos en la guardia de la clínica cuando el nene tiene 37,5º de temperatura y tose un poquito.

Pero como les digo a los testigos de Jehová que golpean a mi puerta un domingo a las 8 horas: no pierdan su tiempo conmigo.

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