* DESCUENTO QUE AUMENTA

La jerga del fútbol ha exportado expresiones al habla general. De una persona que dilata una situación con el sólo objetivo de ganar tiempo se dice que tira la pelota a la tribuna, recurso que el pensador y polifuncionario argentino Carlos S. Bilardo compara con el minuto del básquet. De las personas celosas, inseguras y controladoras se comenta socarronamente que marcan a presión a sus parejas, como esos defensores que se pegan al delantero contrario habilidoso. El éxito de las exportaciones se verifica porque no sólo los numerosos amantes del fútbol las utilizan: quienes nunca patearon una redonda, también.

Por ejemplo analistas políticos sin antecedentes de pasión futbolera, quizá en un intento de parecer originales, adoptan metáforas de hincha rabioso. Y como a todas las falsificaciones, no se las reconoce por una mirada general sino por algún detalle menor.

Cuando los discursos de la Dra. Fernández contra el sector agrario, se dijo en algunos medios gráficos que la presidenta salió con los tapones de punta contra los productores rurales. La metáfora quiso aludir a la virulencia del discurso. Pero seguramente al autor del texto con pretensiones futboleras no quiso sugerir que la Dra. Fernández atacara a los dirigentes agrarios con mala fe.
Y quienes han calzado alguna vez botines de fútbol saben que no hay infracción más descalificadora que salir con los tapones de punta, también conocida como planchazo. Es casi siempre el preludio a una lesión severa del rival: véase Mírcoli contra Cruyff, o más cercano en el tiempo, Goicoechea contra Maradona (video no apto para personas impresionables). Los jugadores mencionados en primer término no son recordados por sus virtudes; apenas han dejado un oscuro recuerdo de sus nombres ligados a esas infracciones criminales. Y aún cuando la patada con los botines de punta no tenga un final trágico, cualquier árbitro decente castigará la mala intención sacando la tarjeta roja sin hacer escala en la amarilla. Hasta hay quienes proponen aplicar a los que salen con los tapones de punta el Código Penal, particularmente aquellos artículos que tratan de lesiones dolosas. La tarjeta roja y un par de fechas de suspensión parecen, más que una sanción, una caricia al compararla con la magnitud de la falta.
Advertencia entonces para los que extrapolaron la metáfora futbolera de los tapones de punta: un niño que juegue en las inferiores de cualquier club pensará que la Dra. Fernández atacó arteramente al sector agrario.

Por otra parte ayer, a 72 horas del fin de la tregua entre los productores rurales y el gobierno, un matutino dice que ambos sectores negocian en tiempo de descuento. No, no y no: otra vez el estilo periodístico nac&pop termina con una meada muy lejos del tarro.
Para quienes no conocen el concepto, paso a explicarlo porque ya es confuso aún para los cultores del fútbol. Un partido oficial dura 90 minutos, divididos en dos tiempos de 45. En verdad, nunca se juegan 45 minutos; las inevitables interrupciones secundarias a faltas, pelotas que salen del campo de juego, cambios de jugadores, etcétera, constituyen un porcentaje importante de esos 45 minutos. El reglamento autoriza al árbitro a estimar cuánto tiempo se perdió en dichas interrupciones, y a adicionarlo luego del minuto 45. El árbitro debe hacerlo saber fehacientemente señalando con la mano en alto, y extendiendo tantos dedos como minutos adicionará. La expresión correcta sería tiempo adicional, pero la costumbre lo llama tiempo de descuento. Es un descuento que va contra la lógica, porque aumenta.
Si el partido tiene tintes dramáticos (por ejemplo, uno de los equipos busca afanosamente el gol del empate o del triunfo como esas cargas de caballería de las películas, mientras el rival lógicamente hace lo imposible por evitarlo) el tiempo de descuento es un tiempo dramático. Para quienes gustan de las emociones fuertes -dentro de lo fuerte que pueden ser las emociones futboleras- son quizás los mejores minutos: los jugadores echan los bofes, los arqueros parecen soldados griegos en Termópilas, los hinchas contienen el aliento ante cada pelotazo. Pero no pierda de vista ese detalle: este modesto drama tiene lugar después del minuto 45. No antes.

Así que, estimados tituleros, el conflicto campo-gobierno entrará en tiempo de descuento a partir de la 0:00 horas del 3 de mayo. El 29 de abril, el uso de la expresión tiempo de descuento no agrega dramatismo a la situación, sino que apenas desorienta a los lectores no futboleros (porque no la entienden) y a los lectores futboleros (porque la entienden).

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