* VIDAS PRESTADAS

El artista, algo entrado en kilos, medio pelado, impecablemente vestido de smoking, entraba con un muñeco de madera no más largo que su brazo y vestido igual que él, como parodiándose a sí mismo. Se sentaba en la única silla que constituía toda la escenografía, y sentaba a su vez al muñeco en su muslo derecho, sosteniéndolo con la mano en la espalda. Y entonces empezaba la magia: Chirolita cobraba vida, y dialogaba con el hombre que se presentaba como Mister Chasman.

No recuerdo ni una línea de esos diálogos. Los adultos se reían mucho más que los chicos, así que seguramente se trataban en su mayoría de chistes de doble sentido. Yo no me reía: me maravillaba. Todas y cada una de las veces que vi a Mister Chasman y Chirolita fui feliz.
No era tan estúpido como para creer que el muñeco hablara, no. La televisión ya me había atrofiado parcialmente la capacidad de asombro mostrándome hombres invisibles, caballos parlanchines o platos voladores. Toda la supuesta magia que aparecía en la pantalla se explicaba con una única palabra que en el fondo no explicaba nada: truco.
Pero Mister Chasman y su alter ego Chirolita nos obligaban a cumplir con Coleridge: ante su arte, suspendíamos la incredulidad. Por cinco o diez minutos, el muñeco hablaba, aunque una vez terminado su acto chasquéabamos la lengua con escepticismo. Y nos recordábamos unos a otros que era el hombre el que hacía las dos voces. Y que era su mano derecha la responsable de los movimientos del muñeco.

La gente mayor que yo quizá haya conocido algún otro ventrílocuo. Pero los de mi generación y los que vinieron después sólo conocimos a Mister Chasman. Chasman murió en 1999 pero Chirolita no. Su nombre siguió vivo y se transformó en genérico: en la Argentina, de cualquier muñeco de ventrílocuo se dice que es un chirolita. Con minúscula, para no confundirlo con el Chirolita original.

La analogía surge espontánea: una persona -especialmente un político- que actúa controlado por otro más poderoso es también un chirolita. La penúltima vez que escuché este calificativo despectivo fue cuando la campaña para elegir al sucesor del abogado De La Rúa. Se lo decían los partidarios del abogado Menem y del abogado Rodríguez Saá al abogado Kirchner, a quien consideraban un mero instrumento del abogado Duhalde. Kirchner les demostró a todos ellos que estaban equivocados. Y se hizo tan poderoso que impuso a su esposa, la abogada Fernández, como su sucesora.
Muchos creyeron que esta sucesión matrimonial daría origen a un Poder Ejecutivo de doble comando. Pero a poco de abandonar Kirchner la presidencia, según algunos analistas políticos, la teoría del doble comando se hizo añicos. Y quedó en evidencia un comando único, nítido, que no anida en la Casa Rosada. Resurgieron las acusaciones de chirolismo, aunque hoy la persona acusada es otra.

Toda una generación de argentinos ha nacido y crecido sin haber ver nunca al más famoso dúo de ventrílocuo y muñeco de estas latitudes. Pero entienden al vuelo cuando se dice que Cristina es una chirolita. Y como ocurre casi siempre, la creación trasciende a su creador: no se dice, no se dirá jamás que Néstor es un chasman.

1 Respuesta a “* VIDAS PRESTADAS”


  1. 1 Delpaso 25/05/2009 a las 1:16

    Lo que me surgió expresar cuando leí el título de esta nocta fue tararear la melodía “La vida me la han prestado / y tengo que devolverla”(…) Supongo que es un chacarera


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