* PORCINO TE DISTE CUENTA

gripeSi bien cada país hispanoparlante tiene su forma particular de hablar, los argentinos pareciera que no seguimos caminos alternativos: vamos a contramano. El vos, extinto hace siglos, persiste en estas comarcas y goza de buena salud. Sólo por acá nos negamos a comer mantequilla, y mientras todos (aún los que no hablan nuestro idioma) viajan en metro, nosotros lo hacemos en subte. Hasta el nombre del idioma es distinto: si usted le pregunta a un argentino en qué idioma habla, jamás dirá español. Acá se habla castellano. Con el nombre de las enfermedades no podíamos ser menos. Las multitudes de América y Europa se espantan de la influenza porcina. Excepto en la Argentina, donde la palabra influenza no significa nada y sí le tenemos miedo a la gripe.

No es mi intención contribuir a la hipocondría general detallando síntomas de la gripe porcina. Además, la competencia al respecto es feroz. Por otra parte la gripe es siempre una gripe, esto es, una infección viral respiratoria potencialmente grave. Sin importar si el virus viene de un pollo, de un chancho o de un vecino. Aclaremos, eso sí, que las más de las veces utilizamos mal el término. Nos duele la cabeza, la temperatura nos sube a 37,5, estornudamos tres veces y ya estamos llamando al trabajo para avisar que no iremos porque tenemos gripe. No, eso no es, la gripe de verdad es capaz de tumbar en la cama por días a un atleta profesional.  Hablemos de  ésa, la verdadera gripe.

Parece que es una enfermedad vieja. Tan vieja que ya en el medioevo los astrólogos atribuyeron su aparición a la influencia de los cuerpos celestes. De allí el nombre que aún perdura: influenza. Claro, en aquellos siglos nadie tenía la menor idea de la existencia de los virus. Es más, cualquiera que hubiera propuesto la existencia de los mismos probablemente hubiera terminado en la hoguera. Recién el siglo XIX ocurrieron dos hechos notables: uno, se comprobó la existencia de los virus. Por si le interesa, el primer virus identificado fue el de la rabia, y su descubrimiento es toda una novela de suspenso. Y dos: los franceses, quizá tratando de dejar el oscurantismo medieval en el pasado, rebautizaron a la influenza y la llamaron grippe. Que tiene el mismo origen que el grip de las raquetas de tenis, por ejemplo. Es un derivado del verbo agarrar. Y está bien, porque la aparición de los síntomas de la gripe es tan brusca que uno no dice “me enfermé“, sino “me agarré una gripe”. Pero el término, como el calendario de la revolución francesa, no tuvo mucha aceptación. Excepto en la Argentina, como ya vimos. El resto del mundo sigue hablando de influenza, aunque ya sin connotaciones astrológicas. Y hasta los angloparlantes utilizan el término, claro que levemente disfrazado: la llaman flu.

El origen viral de la gripe (al fin y al cabo, soy argentino) recién se pudo demostrar a principios del siglo XX. Justo a tiempo para la primera pandemia del siglo, cuando terminaba ya la Primera Guerra Mundial. Nunca se sabrá con certeza, pero millones de personas murieron. Cuarenta o cien, no nos vamos a poner a discutir, fue algo espantoso. El virus de la gripe mató más soldados que las balas. Las pésimas condiciones de vida en las trincheras, sumadas a la desnutrición y el stress, hicieron de los combatientes víctimas fáciles que sufrian toda clase de complicaciones. Un detalle curioso: las potencias beligerantes censuraban la información acerca de esta pandemia. España, que no participaba de la guerra, sí publicaba información sobre ella. Para los observadores ingenuos, podía parecer que sólo en España se daba la enfermedad, y de ahí su nombre: gripe española, influenza española o spanish flu. (Entre paréntesis: me pregunto… ¿cómo llaman en Logroño a la gripe española? ¿Cómo se pide en Moscú una ensalada rusa? Etcétera…)

A fines de los cincuenta hubo otra pandemia de gripe, cuyo primer brote fue en Asia, y de ahí su nombre de asiática. Comparada con la española, esta vez el virus nos hizo precio: 1.500.000 muertos. Esta epidemia enseñó dos cosas: que las condiciones de vida de la población tienen mucho que ver con la mortalidad, y que había que desarrollar vacunas para los grupos de riesgo. Es decir, ancianos, enfermos respiratorios, etc.

La siguiente pandemia, esta vez llamada gripe de Hong Kong, ya ocurrió en el transcurso de mi vida cuando yo iba a la primaria. La recuerdo nítidamente porque mi maestra de tercer grado, por temor a la gripe, utilizaba algo que yo jamás había visto: pañuelos descartables. Una pionera, la vieja. Supongo que serían carísimos o importados, o las dos cosas, porque sólo veinte años después los vi en las farmacias y kioskos. Este brote nos perdonó aún más la vida: se calcula que dejó 700.000 muertos. Seguimos mejorando.

Estas cifras espantosas no deben hacernos olvidar que año a año, aún sin pandemia, la gripe se cobra unos cuántos muertos. El año pasado dicen que fueron 47.000 en todo el mundo, sin ir más lejos. Ante esta cifra, los 200 muertos de la gripe porcina parecen nada. Y toda esta histeria colectiva de los barbijos, de que Boca no juegue en México, etc, parece un mal chiste.

La fotografía que ilustra este post apareció hoy en Crítica digital. Puede apreciar allí a las empleadas del kiosko y al cliente protegidos por sus correspondientes barbijos. No está mal. Pero miren qué está comprando ese caballero: dos paquetes de cigarrillos. La gripe porcina aún no ha matado a nadie en la Argentina. El cigarrillo matará este año entre 30.000 y 40.000 personas. Quizá entre ellos al tipo de la foto que está comprando fasos. Un tipo que se siente protegido porque tiene un barbijo.

1 Respuesta a “* PORCINO TE DISTE CUENTA”


  1. 1 gataflora 03/05/2009 a las 14:23

    Alguien también me hizo notar la analogía con los accidentes de tránsito. Tal vez la histeria que traen estas enfermedades, distinta a las muerte por cigarrillo, es la inmediatez de la muerte. Una gripe fulminante, asusta porque puedo morir mañana, el cigarrillo quien sabe cuando. A la gripe porcina o el denque, las podría evitar, tomando ciertas medidas, un accidente automovilísito es a veces impredecible, lo cual tampoco asusta. La muerte al acecho es lo que genera pánico.


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