Se murió Michael Jackson, un precursor. No sé si en la música, pero sí en el uso de barbijos. Hace veinte años ya lo mirábamos extrañados, cuando enfrentaba a la multitud de fanáticos con nariz y boca tapadas. Quizá los japoneses lo hicieron antes, pero las estrellas del pop japonés no son muy populares entre nosotros. Para la inmensa mayoría de los argentinos (salvo que hayan pasado por Terapia Intensiva o por un quirófano) el primer barbijo que vieron en sus vidas fue el de Michael Jackson.
Para un tanguero viejo barbijo significaba otra cosa. En el duelo a cuchillo era la marca de superioridad que dejaba un malevo en la cara del otro. Era una forma de decir “podría matarte pero te perdono la vida”. Hasta hay un tango poco conocido llamado “El barbijo” que, obviamente, se refiere a la cicatriz y no a la máscara quirúrgica.
Porque hoy día barbijo quiere decir eso, máscara que utilizan los cirujanos durante las operaciones para tapar nariz y boca. Es obvio que se origina en la palabra barba quizás porque -justamente- la cubre. En aquellos la tienen y la usan, claro. También dicen que se lo llama barboquejo, barbiquejo y tapabocas, aunque la verdad, jamás escuché tales nombres como no sea en la CNN.
El barbijo ya hizo un tímido asomo en 2008, cuando el humo que casualmente coincidió con el conflicto de la 125 invadió Buenos Aries. La situación política de ese entonces, y ni hablar de su dramático desenlace en el Senado, relegó los comentarios sobre esas personas enmascaradas que caminaban la ciudad. Fueron una mera anécdota, rápidamente olvidada. Pero hoy el uso de barbijo genera polémica. Recomendado al principio, desaconsejado para pacientes sanos después, quienes hoy la usan no están seguros de lo que hacen. Pero lo llevan por las dudas.
Como casi siempre, ya hubo un artista que imaginó todo esto. Fue Edgar Allan Poe en su cuento La Máscara de la Muerte Roja. Una vez más se hace patente que la realidad imita al arte. También, como casi siempre, el original se encuadra en la tragedia. Y la repetición roza peligrosamente la farsa.
Cuando era chica Poe era uno de mis favoritos, a pesar de las pesadillas garantizadas para las noches.
No recuerdo este cuento, pero no lo voy a leer ahora porcilas moscas, como leí a alguien que escribió por tu blog.
Un gusto leerte, Roberto.
De acuerdo.
No te olvides de Borges.