* TODO ES HISTORIETA

Los memoriosos o los viejos recordarán decenas de revistas: D’Artagnan, El Tony, Fantasía, Skorpio, Intervalo (pronunciado casi invariablemente intérvalo)… mi memoria se detiene allí. Eran nuestras revistas de tebeos, de cómics, de monitos, de comiquitas. Vamos, de historietas. Hubo una época en la que se vendían centenares de miles de esas revistas por semana. El otro día tuve un ataque de nostalgia y quise conseguir una, cualquiera, no tenía exigencias. Y mire lo que me pasó.

Parece que El Tony, la primera revista argentina dedicada íntegramente a lo que nosotros conocemos como historieta empezó a salir en 1928. Todo su material era extranjero, y principalmente dirigido al público infantil. Con el tiempo se fueron incorporando autores argentinos, y el target fue virando hacia los jóvenes y adultos. El Tony salió hasta 2000. Por sus páginas pasaron personajes inolvidables para mi generación: Jackaroe, el cowboy criado por los indios; Mark (años después vi la película Soy Leyenda con el negro ese que siempre salva al mundo, y casi hago una denuncia por plagio); Pepe Sánchez, el superagente 86 argentino; y Argón el Justiciero. Este último personaje me causaba cierta perplejidad; uno, porque para entonces yo ya tenía algunas nociones de química, y argón tenía para mí un significado muy específico que me costaba relacionar con un héroe. Dos, por su enorme parecido con otra historieta, Nippur. Y tres, porque en cierto momento el guión lo escribía un tal Oesterheld. Poco después de aparecida la historieta, los militares desaparecían a su autor.

También en 1928 hizo su aparición el personaje que luego conoceríamos como Patoruzú. Al principio salía como una tira de pocos cuadros en el diario, pero con su creciente popularidad en pocos años alcanzó a tener su propia revista. Revista en la cual no sólo aparecían Patoruzú, Isidoro, Upa, etc, sino que fue sufriendo un cambio similar al del Tony: primero abundaron las historietas extranjeras y de a poco fueron reemplazadas por otras de autores nacionales. La época de oro de este formato de revista sucedió mucho antes de mi nacimiento, por lo que los personajes que se en ella aparecían son ilustres desconocidos. Me suena, lejanamente, Hernán el Corsario. Y más acá en el tiempo, Dick el Artillero. Siempre pensé que ambas historietas eran extranjeras pero no, eran del talentoso artista argentino José Luis Salinas. De quien escuché decir que era capaz de dibujar cualquier animal (pero cualquiera, ¿eh?) en la posición que le pidieran, en cuestión de segundos. Fue el dibujante de una historieta que quizá le suene: Cisco Kid.

Y dicen los que la vivieron que los 50 fueron una época dorada para la historieta en la Argentina. Revistas como Frontera, Hora Cero y Fantasía tenían tiradas que no bajaban de 100.000 por semana. Sus autores eran Oesterheld, el italiano Hugo Pratt, Solano López. No hay estudioso de la historieta que no mire esos años como un paraíso perdido. Y 20 años después, las revistas de historietas seguían publicando avisos que invitaban a estudiar dibujo por correspondencia. Serían ya el último eco -calculo- de una época en la que ser dibujante o guionista de éxito garantizaba un buen pasar.

Pero todo pasa, aún la edad de oro de la historieta en la Argentina. A mis nueve años de edad, preparándome para un viaje largo y aburrido, fui a un quiosco de Retiro y decidí no comprar las Andanzas de Patoruzú, cuya lectura no me llevaría más de quince minutos. Elegí en cambio D’Artagnan, revista notablemente más gorda. Aguanté la curiosidad hasta que el tren hubiera salido de la ciudad y recién entonces la abrí. Todavía recuerdo la tremenda impresión que me causó Gilgamesh, el inmortal. Y cuando todavía no podía cerrar del todo los ojos, D’Artagnan me acuchilló la mente por segunda vez con Nippur de Lagash

Durante muchos años, cuando ya mi tiempo de lectura lo ocupaban mayormente los gruesos libros de la facultad, supe hacerme un espacio para tirarme en la cama a leer historietas. Pero así como uno va viendo con menos frecuencia a los amigos de la infancia a medida que se hace adulto, fui espaciando ese placer. Y no sé en qué momento, ya no lo hice más.
Y el otro día, en un ataque de nostalgia, quise recuperar por un momento aquellas sesiones de historieta. Y fui al kiosco a comprar una, cualquiera.

Pero no hay más revistas de historietas.

Sí, ya vendrá a decirme alguien que Fierro sigue saliendo como suplemento de Página/12. Pero sin menospreciar la calidad del contenido de Fierro, no se puede comparar a las historietas de Fantasía o Nippur Magnum. Son otro género. Y algún otro me dirá que aún sale Andanzas de Patoruzú, pero yo le responderé que las leí todas, y las que están en los kioscos hoy son simples reimpresiones con algún burdo retoque para adaptarlas forzadamente a los tiempos modernos. Así que no traten de consolarme: las revistas de historietas ya son historia.

1 Respuesta a “* TODO ES HISTORIETA”


  1. 1 gataflora 29/08/2009 a las 9:49

    Yo leí Nippur de Lagash, y también me tomé ese tren para el viaje largo y aburrido. Incluso tomé el otro tren, el que iba más lejos todavía, tendría unos 15 años, y creo que fue el último año que anduvo ese tren.


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