* MUNDO BIZARRO

Para Domingo Faustino Sarmiento bárbaro era un insulto. Bárbaros, las ideas no se matan. Civilización y Barbarie. Cien años más tarde bárbaro se transformó, para los adolescentes de clase media alta, en sinónimo de magnífico, excelente. Bárbaro, gordi, le hacía decir Landrú a María Belén, su prototipo de nena consentida de Barrio Norte. Hoy recuperó parte de su acepción original: ante una tragedia, catástrofe, aumento de precio o masacre, solemos decir por compromiso: qué bárbaro.

No hace muchos años decirle a alguien boludo era causal de guerra; hoy es un tratamiento cariñoso entre amigos (lo cual me lleva a pensar como se ha tiernizado la amistad masculina, pero ese es otro tema). Nuestro elogio argentino por excelencia, gaucho, tenía antes del Martín Fierro un profundo sentido despectivo. Dudo mucho que los soldados de Güemes se llamaran a sí mismo los gauchos de Güemes. Digamos, para no entrar en el mero catálogo de ejemplos, que muchas palabras oscilan según la época entre el significado elogioso y el denigrante, o viceversa.

Claro, estamos hablando de palabras de uso extendido, casi diría coloquiales. Otras palabras con menos rating sufrieron metamorfosis similares. Me viene a la memoria sofisticado, cuyas tres definiciones en el diccionario de la RAE vienen por orden histórico:

1. adj. Falto de naturalidad, afectadamente refinado.
2.
adj. Elegante, refinado.
3.
adj. Dicho de un sistema o de un mecanismo: Técnicamente complejo o avanzado.

Como se ve, hay una gran distancia desde un vestido estrafalario a una netbook. Y en menos de una generación sofisticado pasó de aplicarse de lo uno a la otra.

Me llama mucho la atención la palabra bizarro. Tomando seguramente su significado en inglés, hoy se aplica este adjetivo a personas y cosas desagradables pero que -por alguna razón que escapa a mi conocimiento- caen bien en la clase media ilustrada nacional. La película Carne era en los ’60 una película muy mala. Hoy es bizarra.

Quizá se trate de la palabra más decadente de esta enumeración. Porque fíjese que en la marcha Mi Bandera, la enseña patria está llena de orgullo y bizarría en su vieja acepción: valentía, generosidad, esplendor. Hoy le aplicamos el término a Zulma Lobato.

Conclusión de $1,99: las cosas cambian, pero seguimos siendo bizarros.

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