* VERDE QUE TE QUIERO VERDE

Cada vez que se busca marcar una diferencia entre Oriente y Occidente, se acude al mismo remanido ejemplo: mientras el blanco significa para nosotros pureza, inocencia, virginidad, en China es luto. La verdad, me cuesta creer. Primero, creer que Oriente es una masa sólida y homogénea; aunque a nuestra vista ignorante parezcan similares, estoy seguro que entre un coreano y un tailandés hay tantas diferencias como entre un finlandés y un chileno. Y tampoco me parece verosímil que  mil y pico de millones de chinos le den todos igual significado al blanco.

Pero es -al menos en parte- cierto que el machacamiento cultural termina logrando que asociemos colores con estados de ánimo. El ya mencionado blanco viene pegado a las novias como la sombra al cuerpo. El rojo es equivalente de pasión, lujuria y hasta violencia. El azul es paz, serenidad, el rosa es femeneidad y el verde… bueno, con el verde no hay acuerdo unánime

Recuerdo que más o menos a los ocho años descubrí los chistes verdes; para los que no los conocen por ese nombre, son esos chistes que hacen referencia al sexo en cualquiera de sus manifestaciones. En aquel entonces me causaban gracia, pero ahora que los recuerdo me parece que yo hacía fuerza para que me causaran gracia. Eran años fundacionales en los que, como podíamos, empezábamos a entender las cuestiones sexuales. Reirse de un chiste verde significaba que uno entendía de menstruaciones, homosexualidad y adulterio. Nos daba chapa de iniciados.

Supongo que por analogía se denominaba viejo verde a un hombre de cierta edad obsesionado con el sexo. O capaz que fue al revés: los chistes se llaman verdes porque los popularizaron los viejos del mismo color. No sé exactamente qué edad tendrían estos viejos, ya que en esa época de mi vida todo el mundo era viejo para mí, y me daba lo mismo 35 que 76. Ni tampoco estoy muy seguro de qué hacía un viejo verde. Supongo que sería habitué de los escasos espectáculos de tinte erótico de ese entonces (a la dictadura de Onganía no le caía simpático el tema). O comprador de revistas pornográficas, de esas con fotos que hoy es posible encontrar en las revistas desvencijadas de la sala de espera de cualquier consultorio. Pero para mi confusión, yo tenía un vecino de unos 40 años casado con una dama mucho menor0. Las vecinas también decían que ése era un viejo verde. Creo que fue la primera vez en la vida que me aprendí esta lección: cuando una definición es demasiado amplia, no define nada.

Más o menos para la misma época en que yo memorizaba chistes de Jaimito, la radioastrónoma Jocelyn Bell detectó una señal de radio proveniente de un objeto celeste muy lejano que no era una estrella ni un planeta ni nada de lo conocido hasta ese entonces. Lo maravilloso es que esta señal se repetía con rigurosa exactitud en pulsos de aproximadamente 1,3 segundos de intervalo. Nosotros tenemos algo así en la tierra. Si emite luz, lo llamamos baliza o faro, y las costas están llenas de ellos. Y desde la aparición de las comunicaciones por radio, existen faros que emiten pulsos rítmicos para facilitar la navegación, invisibles para nuestros ojos pero fácilmente detectables por los receptores.

Soñadora pero escéptica a la vez, Jocelyn seguramente pensó que esas poderosas señales rítmicas tan lejanas eran un radiofaro de una civilización extraterrestre muy avanzada. Pero se abstuvo de manifestarlo en público. Eso sí, a la hora de bautizar este extraño objeto astronómico (en astronomía, el que descubre tiene derecho a bautizar y la mayoría opta por su propio nombre) lo llamó LGM. En inglés, Little Green Men. Enanitos verdes, bah. Seguramente Jocelyn también leyó esas historietas de los 40/50, en los que invariablemente los seres de otro planeta eran menudos y de ese color. Hoy a los LGM -que hay muchos- los llamamos púlsares y sabemos que alguna vez fueron soles. Los seres inteligentes de otro planeta siguen sin aparecer.

Ya en los 80 empezaron a hacerse notar ciertos grupos políticos que hacían hincapié en las cuestiones del medio ambiente. No sé si ellos mismos se denominaron así, o si fueron sus rivales políticos los que los bautizaron verdes. Fueron ellos los que instalaron en la agenda cotidiana temas como el calentamiento global, contaminación, deforestación, etc. Algunos de sus fundamentalistas -siempre los hay, más temprano o más tarde aparecen- comenzaron tirándoles pintura a las celebridades que usaban tapados de piel. Y como sigan así, vendrán un día a escupirnos nuestros asados. Porque comer carne, dicen, es asesinato. Qué injusticia. Como si el tomate no fuera un ser vivo…

El verde ha recorrido un largo camino, desde un viejo degenerado hasta un militante ecologista. Es mucho el cambio. Lo único verde que se mantiene más o menos igual son Los Enanitos Verdes, que están celebrando 30 años de tocar juntos. Pocas cosas duran tanto en la Argentina, así que bien merecida tienen la celebración.

Advertisement

0 Respuestas a “* VERDE QUE TE QUIERO VERDE”



  1. Dejar un comentario

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s





Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.